Los seres humanos, muchas veces de manera inconsciente, enviamos mensajes sobre nuestro estado de ánimo y personalidad a través de los movimientos corporales y los gestos. Este hecho implica que podemos expresarnos sin pronunciar palabras y por lo tanto, el lenguaje no verbal facilita la comunicación entre las personas. Sin embargo, también debemos ser muy cuidadosos con nuestra expresión corporal, porque puede resultar agresiva sin que nos percatemos de ello. Como estudiante de Psicología, es muy importante para mí saber que al analizar con detenimiento la actitud corporal de un individuo, puedo tener una imagen muy acertada de su personaliadad.
Con la
asignatura de Competencias Comunicativas
y las actividades propuestas, he aprendido la importancia de comunicarme de
forma correcta y clara. En esta oportunidad no tenía consciencia del valor de
ser receptiv@, pero luego de indagar sobre el tema, pienso que esta actitud es
uno de los pilares que sostienen la estructura de una buena comunicación.
Cuando escucho y proceso la información de forma atenta (algo análogo a
masticar lentamente para digerir apropiadamente los alimentos), puedo obtener mejores
prácticas comunicativas, desarrollando de esta manera unas valiosas habilidades
cognitivas. Para mí es una sorpresa saber que utilizando correctamente uno de
mis cinco sentidos, en este caso el oído, “escuchando” no solo “oyendo”, puedo
enriquecer mi vocabulario, aumentar mi confianza, corregir mis errores y hacer
más fácil mi interacción social. “Hablar es una necesidad, escuchar es una
arte”, expreso el novelista y poeta
alemán Wolfang von Goethe.
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